domingo, 2 de marzo de 2025

 

El barranco de Viznar y la memoria de la vida, allí suspendida a tiros


    Conocí a Francisco Carrión Méndez (Paco) hace apenas una semana, el 20 de febrero del 

2025. En un acto organizado por la Asociación de Mujeres Las trece rosas de Armilla, 

Granada. Paco, profesor de arqueología en la Universidad de Granada, está al frente del 

equipo de antropólogos forenses, arqueólogos, sociólogos, genetistas, historiadores, 

geólogos … que llevan a cabo las excavaciones del Barranco de Víznar, desde hace más de 

cinco años. Allí, donde las tropas franquista fusilaron a cientos de granadinos, en 1936.

Paco, Francisco Carrión, sabe crear proximidad por la manera clara y apasionada con la que 

se dirige al público que lo oye, borrando de inmediato toda la distancia. Así, va explicando 

cada tramo de la investigación que están llevando en Víznar. Y lo que podría ser una 

descripción técnica de procesos de búsqueda, instrumentos utilizados, marcaciones de 

terrenos, hallazgos de cuerpos y procesos científicos de investigación de identidades se 

transforma, de inmediato, en un discurso que nos conmueve a todos. Porque su trabajo, y el 

de sus compañeros de equipo, más allá de ser el de profesionales de la arqueología, la 

historia la antropología, la genética ... es una labor de gente amorosamente comprometida 

con aquellas personas que allí fueron asesinadas y con sus familiares que hoy los siguen 

buscando. Y esta manera de trabajar en equipo rezuma ese sentimiento de justicia restitutiva 

que Paco sabe trasmitir en sus palabras, que nos atraviesan y nos interrogan, que nos hacen 

vibrar y crean conciencia.

Cuánta necesidad de seguir escuchando, acercándonos a ellos para aprender de la actitud y 

la labor de este equipo y de otros como este, que están trabajando a favor de la 

recuperación de la memoria de tantos, a los que se obstinaron en borrar sus vidas y ocultar 

sus muertes. Debería ser obligatorio en los programas escolares la visita a estos enclaves. 

Para que aquellos que se identifican con las alegorías del franquismo en forma de símbolos, 

gesto o canciones guerreras, uniformes de legionarios e ínfulas de amor a la Patria y a una 

bandera vean lo que hay allí, en Víznar. Es ese el resumen de toda esa parafernalia: Fosas 

donde se superponen cientos de cadáveres de inocentes, maestros, obreras, obreros, 

estudiantes, amas de casa, cualquiera de nosotros podríamos haber estado allí. Allí están 

unas de las pruebas certeras de lo que fue, y es, una Guerra. Esta desatada por el 

levantamiento militar de 1936, que justificara millares de muertes como estas, nombrando a 

las víctimas como enemigos de la Patria.

Los huesos que van logrando recomponer y armar en un esqueleto completo de quien fuera 

una persona, cuentan su historia. Como la del niño de doce años, con un tiro de gracia 

atravesándole el cráneo y una goma y un lápiz, hallados muy cerca de lo que quedó de él. Y 

en otra fosa, la costurera de diecinueve años, con sus dedales, que se escaparon de sus 

bolsillos, ¿al caer en la fosa? O al ir destruyéndose su ropa , poco a poco… haciéndose 

jirones en aquel pozo donde la echaron junto a sus compañeras. Doce mujeres, todas juntas, 

doce historias allí tapadas por la tierra del barranco de Viznar durante más de ochenta años. 

Ella, como el mecánico del tranvía de Sierra Nevada, Francisco del Águila Rodríguez, de 

24 años y el maestro nacional Marcelino Gámiz Garzón de treinta y cinco años. Todos 

 compartieron el destino final en el barranco. Hoy Parque Nacional y cercano a lo que es el 

pueblo de casitas floridas, de amplias vistas al paisaje de cielo cambiante y colorido, como 

lo es siempre el cielo granadino. ¿Fue ese cielo colorido lo último que alcanzaron a ver sus 

ojos cegados? ¿ O acaso las últimas estrellas del amanecer? Cómo les llegó el frío en el 

cuerpo, el miedo en el alma, el grito de la llamada a la madre, al amor, con el que ya no 

dormirían abrazados, el recuerdo del beso de sus hijos… todo eso les robaron , porque sí, 

en nombre de la Patria, de España Una y Grande… Francisco del Águila y Marcelino 

Gámiz, dejaron una familia. Hijas y nietos los buscarían durante décadas, querían hallar el 

 lugar donde sus cuerpos habían sido enterrados. Y , al fin, los encontraron. De los 140 

cadáveres que han logrado desenterrar (107 hombres y 33 mujeres), tres más, además de 

Marcelino y Francisco fueron identificados mediante el cotejo de ADN: Juan de Dios 

Adarve López, Antonio Rosales Ruíz y Eloísa Martín Cantal, la chica de los dedales.

El día 24 de febrero, se entregaron a sus familiares las urnas que contenían los restos de 

Marcelino Gámiz y Francisco del Águila. Quise asistir a ese acto y fui con mi hijo y mis 

nietos, que viven en Granada.  Querría que ellos fueran testigos , como yo misma, de la 

necesidad que tienen las familias de recuperar lo que queda de sus familiares 

«desaparecidos». Vi como las muy ancianas hijas de Francisco y Marcelino abrazaban, con 

el más profundo sentimiento de amor, a esas cajitas de madera que Paco Carrión y el quipo 

con el que trabaja les entregaron, tan emocionados como ellas mismas. Las ancianas 

acercaban sus rostros a las cajas y les hablaban a lo que estaba allí, les hablaban como 

nunca antes lo habían podido hacer. Todos las acompañábamos en esas caricias 

compungidas.

Si alguien se pregunta para qué sirven estos actos, para qué sirve el seguir buscando bajo la 

tierra tantos huesos y restituirlos al lugar donde siempre hubieran debido estar, aquí está la 

respuesta: Sirve para hacernos más humanos, para sentirnos unidos compartiendo 

sentimientos de justicia, de solidaridad y de esperanza en un mundo mejor, donde nadie ya 

piense que las Guerras sirven para defender territorios e ideas. Las guerras son nada más 

que esto que hoy se ve en el barranco de Víznar y en las fotos que nos llegan desde 

demasiados lugares del mundo: cadáveres destrozados, cabezas agujereadas por balazos

cuerpos despanzurrados, mucha sangre y horror y ruinas. Recomponer, aunque sea a trozos, 

aquello que la guerra destruyó y conmemorar esa restitución es crear conciencia, y resistir 

ante la indiferencia del psicópata, modelo de este capitalismo perverso y militarista, que se 

nos va imponiendo.


                              Paco Carrión y su equipo en Víznar, el pasado 24 de febrero.

Para una información detallada ir a : Barranco de Víznar. Lugar de Memoria. Informe arqueológico y Antropológico de los trabajos de prospección excavación y exhumación en el barranco de Víznar. Universidad de Ganada