El barranco de Viznar y la memoria de la vida, allí suspendida a tiros
Conocí a Francisco Carrión Méndez (Paco) hace apenas una semana, el 20 de febrero del
2025. En un acto organizado por la Asociación de Mujeres Las trece rosas de Armilla,
Granada. Paco, profesor de arqueología en la Universidad de Granada, está al frente del
equipo de antropólogos forenses, arqueólogos, sociólogos, genetistas, historiadores,
geólogos … que llevan a cabo las excavaciones del Barranco de Víznar, desde hace más de
cinco años. Allí, donde las tropas franquista fusilaron a cientos de granadinos, en 1936.
Paco, Francisco Carrión, sabe crear proximidad por la manera clara y apasionada con la que
se dirige al público que lo oye, borrando de inmediato toda la distancia. Así, va explicando
cada tramo de la investigación que están llevando en Víznar. Y lo que podría ser una
descripción técnica de procesos de búsqueda, instrumentos utilizados, marcaciones de
terrenos, hallazgos de cuerpos y procesos científicos de investigación de identidades se
transforma, de inmediato, en un discurso que nos conmueve a todos. Porque su trabajo, y el
de sus compañeros de equipo, más allá de ser el de profesionales de la arqueología, la
historia la antropología, la genética ... es una labor de gente amorosamente comprometida
con aquellas personas que allí fueron asesinadas y con sus familiares que hoy los siguen
buscando. Y esta manera de trabajar en equipo rezuma ese sentimiento de justicia restitutiva
que Paco sabe trasmitir en sus palabras, que nos atraviesan y nos interrogan, que nos hacen
vibrar y crean conciencia.
Cuánta necesidad de seguir escuchando, acercándonos a ellos para aprender de la actitud y
la labor de este equipo y de otros como este, que están trabajando a favor de la
recuperación de la memoria de tantos, a los que se obstinaron en borrar sus vidas y ocultar
sus muertes. Debería ser obligatorio en los programas escolares la visita a estos enclaves.
Para que aquellos que se identifican con las alegorías del franquismo en forma de símbolos,
gesto o canciones guerreras, uniformes de legionarios e ínfulas de amor a la Patria y a una
bandera vean lo que hay allí, en Víznar. Es ese el resumen de toda esa parafernalia: Fosas
donde se superponen cientos de cadáveres de inocentes, maestros, obreras, obreros,
estudiantes, amas de casa, cualquiera de nosotros podríamos haber estado allí. Allí están
unas de las pruebas certeras de lo que fue, y es, una Guerra. Esta desatada por el
levantamiento militar de 1936, que justificara millares de muertes como estas, nombrando a
las víctimas como enemigos de la Patria.
Los huesos que van logrando recomponer y armar en un esqueleto completo de quien fuera
una persona, cuentan su historia. Como la del niño de doce años, con un tiro de gracia
atravesándole el cráneo y una goma y un lápiz, hallados muy cerca de lo que quedó de él. Y
en otra fosa, la costurera de diecinueve años, con sus dedales, que se escaparon de sus
bolsillos, ¿al caer en la fosa? O al ir destruyéndose su ropa , poco a poco… haciéndose
jirones en aquel pozo donde la echaron junto a sus compañeras. Doce mujeres, todas juntas,
doce historias allí tapadas por la tierra del barranco de Viznar durante más de ochenta años.
Ella, como el mecánico del tranvía de Sierra Nevada, Francisco del Águila Rodríguez, de
24 años y el maestro nacional Marcelino Gámiz Garzón de treinta y cinco años. Todos
compartieron el destino final en el barranco. Hoy Parque Nacional y cercano a lo que es el
pueblo de casitas floridas, de amplias vistas al paisaje de cielo cambiante y colorido, como
lo es siempre el cielo granadino. ¿Fue ese cielo colorido lo último que alcanzaron a ver sus
ojos cegados? ¿ O acaso las últimas estrellas del amanecer? Cómo les llegó el frío en el
cuerpo, el miedo en el alma, el grito de la llamada a la madre, al amor, con el que ya no
dormirían abrazados, el recuerdo del beso de sus hijos… todo eso les robaron , porque sí,
en nombre de la Patria, de España Una y Grande… Francisco del Águila y Marcelino
Gámiz, dejaron una familia. Hijas y nietos los buscarían durante décadas, querían hallar el
lugar donde sus cuerpos habían sido enterrados. Y , al fin, los encontraron. De los 140
cadáveres que han logrado desenterrar (107 hombres y 33 mujeres), tres más, además de
Marcelino y Francisco fueron identificados mediante el cotejo de ADN: Juan de Dios
Adarve López, Antonio Rosales Ruíz y Eloísa Martín Cantal, la chica de los dedales.
El día 24 de febrero, se entregaron a sus familiares las urnas que contenían los restos de
Marcelino Gámiz y Francisco del Águila. Quise asistir a ese acto y fui con mi hijo y mis
nietos, que viven en Granada. Querría que ellos fueran testigos , como yo misma, de la
necesidad que tienen las familias de recuperar lo que queda de sus familiares
«desaparecidos». Vi como las muy ancianas hijas de Francisco y Marcelino abrazaban, con
el más profundo sentimiento de amor, a esas cajitas de madera que Paco Carrión y el quipo
con el que trabaja les entregaron, tan emocionados como ellas mismas. Las ancianas
acercaban sus rostros a las cajas y les hablaban a lo que estaba allí, les hablaban como
nunca antes lo habían podido hacer. Todos las acompañábamos en esas caricias
compungidas.
Si alguien se pregunta para qué sirven estos actos, para qué sirve el seguir buscando bajo la
tierra tantos huesos y restituirlos al lugar donde siempre hubieran debido estar, aquí está la
respuesta: Sirve para hacernos más humanos, para sentirnos unidos compartiendo
sentimientos de justicia, de solidaridad y de esperanza en un mundo mejor, donde nadie ya
piense que las Guerras sirven para defender territorios e ideas. Las guerras son nada más
que esto que hoy se ve en el barranco de Víznar y en las fotos que nos llegan desde
demasiados lugares del mundo: cadáveres destrozados, cabezas agujereadas por balazos,
cuerpos despanzurrados, mucha sangre y horror y ruinas. Recomponer, aunque sea a trozos,
aquello que la guerra destruyó y conmemorar esa restitución es crear conciencia, y resistir
ante la indiferencia del psicópata, modelo de este capitalismo perverso y militarista, que se
nos va imponiendo.
Paco Carrión y su equipo en Víznar, el pasado 24 de febrero.
Para una información detallada ir a : Barranco de Víznar. Lugar de Memoria. Informe arqueológico y Antropológico de los trabajos de prospección excavación y exhumación en el barranco de Víznar. Universidad de Ganada