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lunes, 25 de marzo de 2013

El magnetismo en "Continuarà"

El pasado 26 de febrero el programa de televisión Continuarà, de La 2, presentó en el apartado de lecturas la novela El magnetismo del viento nocturno, con Elsa Plaza.


Aquí podéis ver la emisión completa del programa. 

sábado, 23 de marzo de 2013

Compartiendo el simbolismo de los grafitos con Xavier Theros

La crónica de El País se hace eco de las inscripciones en el muro del Hospital de la Santa Creu de Barcelona de la mano de Xavier Theros.


Puedes ver el artículo aquí.

martes, 26 de febrero de 2013

El simbolismo de los grafitos en el muro del antiguo hospital de la Santa Creu


El número 7
Aunque no se trata más de siete moradas en cada una de éstas hay muchas, en lo alto, en lo bajo. A los lados, con lindos jardines y fuentes y laberintos
Teresa de Ávila 

El número siete, representado como un triángulo invertido con cuatro puntos que hacen la base, dos en medio del triángulo y uno el vértice invertido (en la parte superior izquierda de la imagen) es uno de los grafitos que se encuentran a la entrada de la pared del antiguo Hospital de Santa Creu en Barcelona, y que explica algo del devenir de los personajes femeninos de El magnetismo del viento nocturno.


Número que representa también (porque como verán en el artículo que enlazo sus significados son múltiples) el mes lunar ya que siete, los días de la semana, multiplicado por el 4 de la base, hacen los 28 días del ciclo femenino.
Ver más información en el artículo de Eduardo Tejero Romero titulado "El siete, número cósmico y sagrado. Su simbología en la cultura y rendimiento en el Romancero".

El número 4, símbolo de Júpiter
Sobre el sillar siguiente, a la derecha, aparece el número 4, símbolo de Júpiter. En época romana se lo encuentra en las recetas de los antiguos médicos y alquimistas y en algunas notas de los astrólogos para invocar ayuda divina, protección.


Padre de todos los dioses, Júpiter es símbolo del espíritu divino de toda criatura que viene al mundo.

La letra g y la serpiente
Si volvemos a la fotografía vemos, en el mismo sillar y hacia el centro, una letra g, y en la siguiente piedra, a la izquierda, una serpiente erguida. Según la iconología la letra G de la estrella pentagramática se ha graficado también con la figura de una serpiente. Esto presenta varias vertientes simbólicas. En primer lugar, la tradición masónica enseña que en el Pentalfa de la Estrella Flamígera debe poder dibujarse un hombre, y sus genitales deben coincidir con la ubicación central de la “G”. Esto alude directamente a la idea de “génesis” y/o “generación” como “centro creador” y su manifestación como “fuerza creadora”; y por esta simbólica se la asocia, a su vez, con la serpiente del Libro de Génesis. Para la antigua cultura hebrea, la serpiente simboliza el deseo humano de “ser como Dios”, de robar el fuego y la sabiduría divinas al modo de Prometeo, ideas que se hallan muy extendidas en la Kabaláh Hebraica, cuyas enseñanzas esotéricas se insinúan precisamente en el relato de la gran tentación ofrecida por la serpiente edénica a Eva.



También en la Cábala, aunque no en sus primeros niveles de estudio y comprensión, sino en el más profundo nivel de SÔD, la serpiente es otro símbolo de SHEKYNÁH, el aspecto Femenino de Dios, su componente generador, su sabiduría y su “LOGOS”; la cual se separó por el desgarro de la Creación y se halla desterrada en la órbita del mundo material a la espera de la reunificación final. 
Para el simbolismo de la letra g en la masonería ir al siguiente enlace.


miércoles, 16 de enero de 2013

Presentación de la novela

El próximo 23 de enero tendrá lugar la presentación de El magnetismo en la antigua sede de l'Hospital de la Santa Creu de Barcelona, hoy Biblioteca de Catalunya, donde se desarrollan algunos episodios de la novela.





sábado, 15 de diciembre de 2012

Génesis


Ya no recuerdo cuándo vi, por primera vez, los grafitos grabados en la pared del antiguo hospital de la Santa Creu. Es probable que fuera en la época en la que ocupaba un piso en el Barrio Chino. Cada día, acostumbraba a hacer el camino desde las Ramblas por la calle del Carmen, pasando frente al muro de piedra del hospital. En ese ir y volver, desde la aparente uniformidad de los sillares de piedra, fueron surgiendo las marcas, los dibujos, las letras. Intenté encontrar algún documento que me explicara su origen. También pregunté, pero nadie supo darme razón.
Son marcas de canteros o de los estudiantes que pasaron por allí, me decían. Aunque, intuía, había algo más.
El tiempo y la insistencia fueron uniendo las frases inconexas, las letras sin sentido, los pequeños dibujos. BEU, bebe, se ordena desde una de las inscripciones, a su lado un dibujo esquemático alude a una fuente. Bebe del agua que te ofrezco para calmar la sed de viajera errante; debajo, la promesa de un verano eterno: unos cuernos rematados por dos puntos.
Quédate, al fin, aquí. Para conocer la historia solo hay que tener la paciencia de saber, también, escuchar.


¿Quién fue Oliveros? -cuyo nombre aparece por dos veces repetido.
Acaso el testigo culpable de lo que, tres sillares más arriba, se relata en la frase que explica que hubo, una vez, un “fuego qui se apaga”.


¿Y la figura de la mujercita? Sus brazos en forma de asas, las manos escondidas, ¿están atadas a la espalda? Su cuerpo, una peonza, que le permitiría girar a un ritmo alocado, ¿consigue así volver al tiempo del relato? Aunque la falda es un triángulo perfecto, que permanece inmóvil, aferrada a la línea del cielo por los pies. Siempre boca abajo, como una criatura a punto de nacer, como el ahorcado del tarot. Como la ahorcada de Barcelona, la acusada de quemar el horno de pan que
estaba en la misma calle del Carmen, frente al lugar donde ahora permanece, siempre dispuesta a renacer.



Todo pudo ocurrir cuando las auroras boreales colorearon los cielos de la ciudad, para gozo y temor de sus habitantes... En una época en la que, los aspectos nocturnos de la experiencia humana pedían ser iluminados por el discurso de la razón. Y allí, detrás del muro de piedra se levanta, como símbolo de este diálogo, la Academia de cirugía.
Explicar la génesis de un libro es reiterar un lugar común, con el que también los escultores dan cuenta de sus trabajos: ya estaba allí, sólo había que aprender a mirar la piedra. La ciudad se presta a esos juegos, y dejar de ser extranjera en ella es, también, llegar a asirla en las marcas que guardan sus muros, en las historias de su gente. Ello otorga una carta de ciudadanía que las fronteras niegan, y que un urbanismo depredador insiste en ignorar.

Elsa Plaza